El trabajo invisible que sostiene al mundo, por M.Z.
Hay trabajos que terminan cuando cae la tarde.
Se apaga una computadora, se baja una persiana, se firma una salida. Pero existe otro trabajo que nunca conoce del todo el descanso.
Un trabajo silencioso, repetido, casi invisible, que empieza antes de que el resto despierte y continúa incluso cuando la casaparece dormida.
El trabajo de nosotras las amas de casa se parece al aire:está en todas partes y, sin embargo, pocos lo miran realmente.
Hay algo profundamente injusto en la costumbre de llamar “no hace nada” a quien sostiene la vida cotidiana de los demás.
Porque alguien lava la ropa que mañana abrigará cuerpos cansados.
Alguien recuerda qué falta en la alacena antes de que el hambre llegue.
Alguien limpia los rastros del día para que el hogar vuelva a parecer refugio y no batalla. Alguien escucha, organiza, acompaña,contiene.
Y casi siempre, ese alguien permanece fuera de escena.
Las casas no se sostienen solas.
Respiran gracias a unas manos que ordenan el caos pequeño de todos los días.
Manos que conocen el cansancio de memoria. Manos que cocinan mientras piensan en cuentas, en horarios, en remedios, en hijos, en padres, en todo aquello que nadie más recuerda porque alguien ya lo está recordando por todos.
Tal vez el trabajo doméstico sea uno de los actos de amor más deformados por la costumbre.
Porque el amor, cuando se vuelve cotidiano, deja de sorprender. Y lo cotidiano corre el riesgo de confundirse con lo fácil.
Pero no hay nada fácil en sostener una vida ajena mientras tantas veces postergamos la propia.
Existe una fatiga particular en nosotras las amas de casa: la de estar siempre disponibles.
La de no tener horarios claros ni pausas verdaderas. La de habitar una tarea de la que rara vez recibimos reconocimiento, porque ocurre puertas adentro, lejos del ruido del mundo y de los aplausos.
Sin embargo, el mundo se derrumbaría rápidamente sin esas mujeres que aprendieron a multiplicarse entre ollas hirviendo, ropa doblada, fiebre infantil, pisos recién limpiados y preocupaciones que nunca terminan de apagarse.
Durante décadas se romantizó esa entrega silenciosa.
Se habló de vocación, de deber, de naturaleza.
Como si cuidar fuera un destino inevitable y no un trabajo emocional y físico inmenso.
Como si el amor pudiera reemplazar eternamente al reconocimiento.
Pero las amas de casa no somos personajes secundarios en la historia de una familia. Somos, muchas veces, la estructura invisible que evita que todo se desmorone.
Y quizá por eso incomoda tanto mirar de frente esta realidad: porque obliga a reconocer cuántas veces se dio por sentado un esfuerzo gigantesco. Cuántas veces una mesa servida pareció aparecer por arte
de magia. Cuántas veces el orden de una casa ocultó el desgaste de quien la sostenía.
Hay cansancios que no nos dejan marcas visibles.
No hacen ruido. No reciben sueldo ni diplomas. Pero existen.
Viven en nuestras manos que, aun agotadas, siguen acomodando el mundo para los demás. M.Z
M.Z es una mujer sancayetanense por adopción, activa y comprometida con diferentes tareas y responsabilidades, y hoy nos quiso compartir su visión del valioso trabajo que realizamos la mayoria de las mujeres, y que muchas veces pareciera invisible

Gracias M.Z. por compartirnos tan ciertas consideraciones sobre lo que significa el trabajo de la mujer ama de casa que muchas veces pasa como desapercibido....como si fuera natural...como si no tuviera esfuerzo...muchas de las mujeres aunque tengamos otras obligaciones, ya sea como empleadas o profesionales o emprendedoras, no nos desentendemos de nuestra casa y familia y todo lo que ello implica...muy valiosas tus apreciaciones!
ResponderEliminarTotalmente de acuerdo,que falten un día y parecería una eternidad
ResponderEliminarExcelente descripción de una tarea que muchas veces se nota cuando la dejamos de hacer.
ResponderEliminarTarea que muchas veces la hacemos luego de trabajar fuera de casa