La disgregación del ser humano , por Magalí Di Croce

Cuando daba clases, y con el fin de poder explicar la necesidad del Derecho en las sociedades, partía de explicar qué es el ser humano.

Si bien a la pregunta “¿Qué es el ser humano”  la podemos responder desde múltiples abordajes, yo partía de lo esencial: el ser humano es el único ser RACIONAL, SOCIAL Y ESPIRITUAL.

Racional porque tiene inteligencia que le permite estar en constante avance, social porque solo puede llegar  a la plenitud en todos los aspectos de la vida junto a otros y espiritual, porque es el único que puede llegar a Dios a través de diferentes caminos o religiones.

El ser humano debe ser una integralidad con esa esencia antes descripta y su ser biológico.

Este sábado de Semana Santa, mientras preparaba una cazuela para agasajar a mi familia en Pascuas, quedé casi por casualidad mirando un Programa interesantísimo sobre toda esta cuestión y– que parece no es tan nueva-  que se ha, hace poco, destapado a raíz de la muerte de un anestesista primero y de un enfermero después, sobre las “ Fiestas y viajes controlados” de profesionales de la Salud y el Propofol y el  fentanilo .

En ese Programa hacían un abordaje desde diferentes ángulos, pero por sobre todo ponían el acento en la salud mental, en el estrés, el agotamiento, y las presiones que sufren muchos profesionales de la salud al estar siempre en situaciones límites, donde la vida y la salud  de los otros depende de su accionar, y con muy buen criterio opinaban los diferentes panelistas sobre cuidar a los médicos, cuidar y controlar su salud mental, su descanso, que debieran cobrar de manera justa para no tener que correr de un Centro de Salud a otro, sin pausa ni descanso…fue un Programa que  más que  juzgar conductas penales-como lo son el robo de esos medicamentos de Hospitales- tendía a la búsqueda de soluciones a  través de la toma de conciencia de los sufrimientos  de las personas y a la necesidad de dar respuestas concretas a tales situaciones. Fue un buen Programa.

Pero mientras cocinaba yo seguía pensando ¿Será solo una cuestión de salud mental? ¿Puede el estrés, el agotamiento, la falta de descanso desestabilizar tanto a la persona humana como para buscar esos pseudo caminos alternativos? ¿Puede obnubilarse a tal punto la inteligencia cuando son personas inteligentes e instruidas que conocen los daños y peligros de esas sustancias? ¿Qué salida entonces le queda al trabajador despedido que tiene cuatro hijos y vive precariamente en una villa de emergencia?  ¿Qué salida le queda entonces a tantos jóvenes sin rumbo ni posibilidades ni apoyo de índole alguna? ¿Qué otro camino le queda a una mujer sola afrontando la vida, debiendo alimentar a sus hijos y no teniendo posibilidad laboral alguna?.... y tantísimas otras situaciones de dolor, pobreza, indigencia, falta de oportunidades y de aparentes salidas a los problemas y dificultades de la vida…

Por ahí socialmente es más lógico entender a quien cae en el consumo de sustancias  ante situaciones límites, pero respecto de  gente profesional, joven, biológicamente sana, no es tan fácil entenderlo. Gente que tiene un lugar social adecuado e incluso prominente, que lleva una vida holgada sin apremios, que es apreciada y valorada en lo que hace…cuesta más entenderlo. Y para solucionarlo hay que entenderlo, hay que poder “Ver” qué ocurre, “Ver” qué les ocurre.

Y mientras agregaba los últimos ingredientes de la cazuela, llegué a una conclusión: el ser humano se está disgregando, no es como debe ser: una integralidad, y hay una parte de su esencia que está tapada, aplastada o ahogada, y es su SER ESPIRITUAL.

En la Edad Media reinaba tal cerrazón respecto de las posibilidades de la inteligencia humana que eso provocó retrasos y errores, hasta que con la Modernidad se abrieron las puertas de la razón y se produjeron adelantos maravillosos y desde ahí los adelantos científicos nos sorprenden día a día.

Los adelantos nos maravillan las posibilidades de la mente humana nos enorgullecen, nos asombran, las creaciones artísticas nos deleitan, hemos avanzado como humanidad a límites insospechados hasta por la ciencia ficción más radical, la inteligencia artificial (mal llamada a mi criterio porque la inteligencia solo es humana o supra humana, pero no de las cosas) simplifica tareas…hasta simplifica pensar….Pero…

Pero quizá eso sea mucho… quizá nos fuimos a otro extremo contrario como en  la Edad Media.  Como humanidad estamos olvidando que debemos pulir la ESENCIA ESPIRITUAL HUMANA, dejarla crecer, dejarla hacer, dejarla salir y florecer, recordar que la vida no solo es para satisfacer necesidades materiales y  adelantos científicos, no solo es para buscar  el placer y el bienestar, también debemos cultivar la filosofía, la búsqueda de respuestas profundas que hacer al ser humano, a la vida, al fin último al que  estamos destinados. Y darnos cuenta de que no somos el alfa y el omega, atrevernos a creer que existe una Esencia Creadora Superior que nos muestra que nuestra existencia tiene un destino elevado, sublime,  más allá de las maravillas que seamos capaces de lograr…

Las verdaderas  religiones – lejos de ser el “opio de los pueblos” como decía Karl Marx, y lejos de adormecernos,  son el camino que nos ayudan a encontrar el profundo sentido de la vida y de la muerte, y lejos de adormecernos, nos encienden para afrontar la vida y vivirla  y disfrutarla en plenitud sin necesidad de “anestesiarnos”…

Las sociedades orientales forman a los niños desde pequeños en lo referente a la Filosofía, al encuentro del ser humano consigo mismo, con sus interrogantes y con búsqueda de la verdad.

El ser humano debe luchar contra su disgregación e integrarse con su esencia.

Creo que ese de debe ser el desafío de estos tiempos.

                                                            MAGALI DI CROCE

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