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CIEN DÍAS COMO ESTE! por Eduardo Parino

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Cento giorni come questo! exclaman los italianos con motivo de un nuevo aniversario, queriendo significar que auguran al cumpleañero muchas celebraciones de igual carácter.  El intento de glosar  en pocos párrafos  la historia  centenaria del Club A. Independiente no se presenta sencillo, más aun,  cuando el que escribe, solo puede dar cuenta, en tan dilatado transcurrir, de unos pocos años durante su infancia y adolescencia, en los que residió en el hogar paterno.  Mas, como  no suelo esquivar los  desafíos, no  me arredraré,  porque creo que algunas pocas imágenes serán suficientes para ilustrar el alma que animaba a la institución por aquella época    y que, hasta hoy, sigue siendo su distintivo. Sepan perdonar cierta subjetividad y autorreferencialidad en el relato, que no podré evitar. Mis padres ya habían construido un acendrado vínculo con Independiente al momento de mi nacimiento, y donde iban ellos, allí iba yo, de man...

Amo mi Escuela Primaria, por Pedro Gilberto Christiansen

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Escuela Nº9 de Paraje Vanoli                                                       Hice la Primaria en Escuelas Rurales. Mi comienzo fue en 1962 en la Escuela Rural Número 9 del Paraje Vanoli. Mi primer día estaba con ansiedad, miedo y vergüenza. No fui al Jardín de Infantes, en el campo, en esa época, no existía. La Escuela era de madera, muy pequeña, dividida en dos aulas, tres grados en una y cuatro en otra. El primer día había una sola maestra, Haydee Di Nardo, recuerdo cuando ese día me dijo : “Toma el lápiz” y yo lo tomé con la mano izquierda… enseguida me corrigió: en esa época era “prohibido” ser “zurdo”, ese día aprendí la letra “A” y el número “1”. A la semana llegó mi maestra de Primero Inferior -como se llamaba antes al primer año- Teresa Scabone, recuerdo que era muy gritona. Después de vacaciones de invierno, ya estábamos en un nuevo edif...

"La Campeona" por Jorge Dip

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  Se torna un tanto complicado evocar un vehículo para quienes, por fobia no resueltas o diferentes motivos, hemos decidido no conducir o manejar ningún tipo de medio de transporte de cuatro ruedas. Pero una foto de mi viejo Abel al volante de su emblemática camioneta verde que fue portadora de decenas de anécdotas, bien vale el esfuerzo de sentarse a pensar en un montón de fierros viejos al que le tuve cariño y respeto. Tras destrozar una bicicleta de dama color celeste que fuera propiedad de mi tía Negra, cuando los años ’80 no eran precisamente una época dorada en materia económica, mi padre tuvo en sociedad una camioneta Studebaker color roja de la cual no tengo mayores recuerdos, alguna Ford A en las que me enseñó a manejar (tan mal como él) y un singular engendro del demonio que adquirió en Miramar. Este último era una especie de “pesquero”, como se decía en el pueblo, sin techo, color amarillo furioso, una especie de parabrisas recto, gomas traseras anchas tipo competición y...

San Cayetano, el Santo del Pueblo, por Magalí Di Croce

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Su vida me conmueve, me interpela, me despierta una profunda admiración… Una lucidez maravillosa entregada a Dios y al pueblo… De origen noble, no vivió la nobleza como algo que le perteneciera, sino más bien como algo superficial, algo que le sobraba, y se unió con alma y vida, al pueblo sufriente. Su vida se desarrolló en medio de los grandes cambios socio económicos, políticos y culturales de fines del Siglo XV y principios del XVI. Me conmueve su sensibilidad ante los dolores del pueblo, su preocupación y su capacidad para ocuparse de la promoción humana. No sólo se ocupó de la asistencia, sino que además pensaba en la dignidad humana, de la misma manera en que llevaba el pan a las familias que pasaban hambre, también se ocupaba de que tuvieran trabajo, y así fundó una imprenta para dar trabajo a los desocupados, y fundó un Banco para que los artesanos y pequeños comerciantes pudieran seguir adelante con sus emprendimientos, obteniendo créditos justos, que no estuvieran viciados po...

Por cada latir, por Alejandrina Skaarup

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Siempre me sentí muy a gusto con la tormenta El observar todas aquellas nubes grises revoloteando en el cielo -yendo las unas a las otras, tan decididas, con tanta fuerza y precisión, logrando unirse para opacar el brillante azul del cielo, dejando consigo solo un halo de nostalgia y desazón- me generaba una extraña y profunda sensación de conexión. De repente, el entorno y mi ser se alineaban como almas gemelas, que se correspondían y completaban a la perfección entre sí. Así, así me describiría antes de comenzar a escribir, como quien no podía dejar que el sol la mire a la cara. Al asomarme por mi ventana, solo puedo ver una ciudad apagada. Las nubes no dejan entrever ningún rayo de luz. Por eso, decidí que esa luz, ya que no puede brotar del sol, hoy... va a brotar de mí. En días como hoy, recuerdo exactamente la necesidad y el deseo que me llevaron al primer encuentro con la pluma y el papel. Días donde mi alma busca hallar esperanza, salvación y perdón. Días donde mi alma busca su...

La educación de excelencia, el principal instrumento de inclusión, por Magalí Di Croce

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L ejos -muy lejos- de generar una polémica de índole política partidaria, necesito expresarme sobre algo que le escuché decir hoy en un acto al Gobernador de nuestra Provincia, Axel Kicilloff, y sobre la prudencia que -considero- debe imperar cuando un funcionario de tan alto rango habla, y sus interlocutores son los niños. Nuestro país atraviesa momentos difíciles -desde hace años-, la educación está desvalorizada, hay estudios serios que demuestran que un altísimo porcentaje de niños en edad escolar no sabe leer, y otro alto porcentaje de niños y jóvenes no tienen capacidad para interpretar textos, o de expresar correctamente una idea. Esto no es negado por el Estado. Es una preocupación de todos. Hoy el Gobernador, en un acto escolar, donde los niños hacían su promesa a la Bandera, elogiando a Belgrano -uno de los mayores próceres de nuestra Patria, cuyo uno de sus mayores desvelos fue la educación - llamó a los jóvenes a rebelarse, “…acá en la Provincia, también rebelarse es hablar...

Fortunato: el árabe que corre por mis venas, por Jorge Dip

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Ignoro el instante, si fue uno que se presentó de modo súbito o fue una secuencia que se instaló en mi sangre, en el que empecé a sentir la herencia árabe de mi bisabuelo Fortunato. La foto junto a mi bisabuela María en la casa de los tíos, descifrar su mirada en una imagen gastada pudo haber sido motivo de curiosidad, de la inquisición permanente por conocer mis orígenes. Haber explicado porqué llevo el apellido de mi abuela Marta, sin entrar en demasiados detalles familiares, ni negar a mi abuelo paterno Oscar, que estuvo relacionado a la radio como medio de comunicación desde el área técnica y algún gen me ha transferido para elegir mi camino laboral. Recuerdo el preciso momento, en una clase de educación física de primer año en el Instituto Domingo Faustino Sarmiento cuando un alumno de segundo me pide un pase de la pelota, algo que en esa edad es una palmada al ego y sin mencionar ninguno de mis tres nombres me grita:¡ Turcooooo!, me sorprende a punto tal de casi pifiar el pelotaz...