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Le conté al mundo lo que pasó, por Federico Schmidt

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Hace aproximadamente tres meses, cuando recién comenzábamos a transitar este tiempo de Confinamiento, muchos sentimientos paulatinamente irrumpían en nosotros y nuestros seres queridos. Sin embargo, la incertidumbre de un futuro cercano, no dejaba de socavar en lo más profundo de nuestro ser- al menos, en mi caso-.  Nunca fui muy aficionado en el uso de las Redes Sociales; solo en lo que concierne al plano laboral; pero esta Cuarentena despertó en mí, un afán desconocido: explorar.  Una tarde surfeando por Facebook, entre las páginas sugeridas por dicha aplicación, veo un título que captó mi atención de un carácter muy particular: Editorial Lo Que No Existe. Seguidamente, le doy me gusta e ingreso rápidamente a la página. Para mi sorpresa, leo una publicación la cual expresaba, que se estaba construyendo el Primer Diario Colectivo de la PANDEMIA, con testimonios escritos procedentes de los cinco continentes, de edades, culturas y zonas diversas. Todos esos relatos, los...

Amor Escolar, por Román Eduardo Rosetti

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En blancos y celestes juego mi primer recreo, saltarín y danzante al compás de María Elena… Coro y Bandita se han formado ya, ensayos después de hora… anuncian una nueva cita… No es solo una cita, que se puede decir a tan corta edad, solo me conforma con observar su voz y su encanto, las cuatro horas de clase son escasas para soñar… Deja Mamá no vengas a buscarme perfecta excusa para extender el habitual horario… Su prolijidad, su pureza, inocencia sagrada guardada en un cofre… Mi timidez sueña con el beso y caminar de la mano… Envuelto para regalo, un pimpollo marchito quedó en el equipaje escolar… hasta recuerdo su vincha blanca como diadema en su blonda cabellera, que será de su vida?… Su prolijidad, su pureza, inocencia sagrada…                                                         ...

La alegría de ser parte de un legado universal, por Magalí Di Croce

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Tapa del Libro Por el mes de abril fui invitada por mi amigo Federico Schmitd - con la generosidad que lo caracteriza- a escribir un texto de no más de 300 palabras para la Editorial española  Lo que no existe , relatando mi vida en este tiempo de confinamiento, porque la Editorial seleccionaría diferentes textos de personas de los cinco Continentes y editaría un Libro, para dejar un legado universal, sobre la vida, el amor y el futuro, en plena pandemia.  Entusiasmada hice el texto  y lo envié.  Mi alegría fue muy grande cuando me llegó el primer mail en el que se me informaba que lo habían recibido, ya con eso estaba más que satisfecha…pero mi alegría y asombro fue mayor aun cuando recibí el mail en el que me avisaban que lo habían seleccionado, y formaría parte de este libro único " Deja que todo el mundo te cuente lo que pasó ", tanto en formato papel como en PDF…  Estoy escribiendo algo, mucho más detallado, sobre mi vida en confinamiento y...

La mamá escondida...., por Mercedes Varela

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Mi madre, siempre fui crítica con ella. Mi espíritu rebelde de juventud que se extendió largamente hasta su enfermedad, cuando me convertí en madre de mi madre. Mis recuerdos de infancia la hacen una madre trabajadora, una vida social muy activa, personalidad inquieta, sargento de caballería la cargaba mi papá. Siempre sentí su predilección por mi hermano, será por eso que me acerqué más a mi papá, a quien admiraba por todo lo que hacia, decía o nos enseñaba. Ella, mi mamá, con su personalidad segura, no era distante pero tampoco demasiada cercana. ¿Seria que yo también me mantenía distante? No se... Pero hoy, al paso del tiempo, cuando ella ya no está, me llegan historias y comentarios de su persona que me han sorprendido. Era la mamá que no veía, afuera de casa, en los ámbitos que ella solía ir: la iglesia, Cáritas, el consultorio, sus amigas. Me queda una satisfacción, saber que en muchos caló su personalidad chispeante, agradable, inteligente y con sentido comú...

Renovando ilusiones Futboleras, por Jorge Dip

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     Me resistí desde hace meses a ilusionarme, pero caí en la cuenta que el primer partido de Argentina es justo el Día del Padre. Y la lucha constante por no querer decepcionarme en otra Copa del Mundo, se me hizo añicos cuando el olor a un asadito me despertó la memoria de aquel 86’ cuando miraba los partidos de México en un restaurante donde mi viejo era el encargado de asar las carnes. Yo alcanzaba mis 8 años, y no comprendí al relator que con su voz de pincel hablaba del “barrilete cósmico” porque el único que yo conocía era uno de plástico que en los vientos de mi calle Sáenz Peña no pasaba de la altura que esperaba.  Sentadito a la mesa, con mi Coca de vidrio y algún tostado, era la mejor Misa a la que asistí, la de mi viejo visitando el salón y mordiendo el trapo rejilla cuando a Diego le pegaban los coreanos, sufriendo el empate contra Italia y pronosticando que pasada la primera ronda, llegaríamos lejos, muy lejos. Poco sabía yo de fútbol, y de llegar...

Aprendizajes en la Capilla San Roque, por Jorge Dip

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            En la línea de la vida, llena de espacios imperceptibles a la memoria, hay mojones inalterables que residen en nuestro disco rígido para tomar decisiones trascendentales.  Esa golosina compartida de corazón en un patio escolar, la mano tendida cuando el amigo se cae bajo el peso de la mochila, recoger un paquete que se le cae de manera accidental a una señora que apresurada por los mandados no mide sus movimientos...Pequeñas acciones que definirán nuestros valores de adultos y son heredados o enseñados por quienes forman parte de nuestro vínculo afectivo.  Hay contextos históricos que nos ponen a prueba, como el año 1989 cuando nuestro país transitaba una crisis económica dura, de esas que duelen a los de abajo más que a nadie porque no permiten que el alimento llegue a la mesa del laburante, y mucho menos a los viejos.  Con el título de jubilado en el hombro, debiendo ser un honor tras años de intenso trabajo, no falta...

El Molino, por Noelia Peón

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Cómo me gustan los molinos. Quizás porque inconscientemente me hacen viajar en el tiempo, me recuerdan a todos los momentos que viví en el campo con mi mama, mis hermanos/as y mis abuelos Carlos y Betty. Quizás porque me trae al pensamiento aquellas tardes jugando felices con barro, latas o cualquier cosa que encontrábamos.  Si nos habremos “turnado” para ir a pasar las vacaciones allá; la de navidades y fin de años que pasamos. Recuerdo que mama contrataba un remisse, nos subíamos todos, hasta los perros llevábamos e íbamos a festejar al campo. Los abuelos eran los “caseros” de la estancia “El Pino”, la abuela cocinaba para todo el personal.  Cómo olvidar la hora del llamado para avisar que estaba la comida, era una pelea entre mis hermanos y yo para ver quien tocaba la campana.  Vienen a mi mente las mañanas de carneada, los paseos por el gallinero, el olor a salamandra, los postres caseros de la abuela, los paseos a caballo, los partiditos de fútbol, c...