Entradas

Unir las manos y reconciliar la sangre...por Magalí Di Croce

Imagen
  Imagen de la "Cueva de las Manos" pintura rupestre de la Patagonia Argentina Me encanta mirar el cine del Canal “Europa Europa”, el cine francés, inglés, y el italiano -que aunque no es el cine que más me atrae-, me gusta escuchar y de alguna manera practicar el idioma… Hace pocos días haciendo zapping, me encontré que ahí estaban proyectando “La Misión”, y -aunque la he visto repetidas veces con los alumnos cuando abordábamos la conquista de América- , me enganché a verla de nuevo. Ese film me ha conmovido siempre, me hace pensar en el mundo que Dios creó y en cómo los seres humanos, a lo largo de los tiempos, lo hemos afectado y deshumanizado de diferentes formas, en las diferentes épocas de la historia universal, priorizando los intereses económicos o de poder, al bien común, al respeto de la vida o de la identidad… Me ha conmovido ver la labor maravillosa de las Misiones Jesuíticas, misiones que fueron guiando y acompañando sin desterrar su cultura, y me conmue...

JACOBO (Parte 1 y 2) por Pedro Gustavo Andersen

Imagen
Jacobo (Primera Parte) Un día, con los compañeros del salón fuimos convocados para asistir a las clases de catecismo en la iglesia. Nos presentamos el día estipulado y fue ahí, donde por primera vez tomaba contacto con la Iglesia y con el sacerdote nuevo. Siempre había visto pasar de sotana negra a otro sacerdote alto, que me regalaba unos caramelos. El nuevo padre nos invitó a pasar al Templo y nos acomodó en los bancos. Ahí empezó mi historia con el Padre Jacobo. Super dinámico y chistoso, así comenzó a hablar de Dios y a preguntarnos a nosotros quien creíamos que era Dios y otras preguntas. Hasta que en un momento explicó, de acuerdo a nuestra edad, lo que era Dios. Después de explicar, hizo una pregunta que me marcó para toda la vida. Recuerdo que se paró entre los bancos y con voz pensante nos preguntó: "Si pudieran estar con Dios y pedirle algo, ¿que le pedirían?", en ese momento yo solamente escuchaba lo que decían mis compañeros. Unos le pedían una casa, otros un au...

CIEN DÍAS COMO ESTE! por Eduardo Parino

Imagen
Cento giorni come questo! exclaman los italianos con motivo de un nuevo aniversario, queriendo significar que auguran al cumpleañero muchas celebraciones de igual carácter.  El intento de glosar  en pocos párrafos  la historia  centenaria del Club A. Independiente no se presenta sencillo, más aun,  cuando el que escribe, solo puede dar cuenta, en tan dilatado transcurrir, de unos pocos años durante su infancia y adolescencia, en los que residió en el hogar paterno.  Mas, como  no suelo esquivar los  desafíos, no  me arredraré,  porque creo que algunas pocas imágenes serán suficientes para ilustrar el alma que animaba a la institución por aquella época    y que, hasta hoy, sigue siendo su distintivo. Sepan perdonar cierta subjetividad y autorreferencialidad en el relato, que no podré evitar. Mis padres ya habían construido un acendrado vínculo con Independiente al momento de mi nacimiento, y donde iban ellos, allí iba yo, de man...

Amo mi Escuela Primaria, por Pedro Gilberto Christiansen

Imagen
Escuela Nº9 de Paraje Vanoli                                                       Hice la Primaria en Escuelas Rurales. Mi comienzo fue en 1962 en la Escuela Rural Número 9 del Paraje Vanoli. Mi primer día estaba con ansiedad, miedo y vergüenza. No fui al Jardín de Infantes, en el campo, en esa época, no existía. La Escuela era de madera, muy pequeña, dividida en dos aulas, tres grados en una y cuatro en otra. El primer día había una sola maestra, Haydee Di Nardo, recuerdo cuando ese día me dijo : “Toma el lápiz” y yo lo tomé con la mano izquierda… enseguida me corrigió: en esa época era “prohibido” ser “zurdo”, ese día aprendí la letra “A” y el número “1”. A la semana llegó mi maestra de Primero Inferior -como se llamaba antes al primer año- Teresa Scabone, recuerdo que era muy gritona. Después de vacaciones de invierno, ya estábamos en un nuevo edif...

"La Campeona" por Jorge Dip

Imagen
  Se torna un tanto complicado evocar un vehículo para quienes, por fobia no resueltas o diferentes motivos, hemos decidido no conducir o manejar ningún tipo de medio de transporte de cuatro ruedas. Pero una foto de mi viejo Abel al volante de su emblemática camioneta verde que fue portadora de decenas de anécdotas, bien vale el esfuerzo de sentarse a pensar en un montón de fierros viejos al que le tuve cariño y respeto. Tras destrozar una bicicleta de dama color celeste que fuera propiedad de mi tía Negra, cuando los años ’80 no eran precisamente una época dorada en materia económica, mi padre tuvo en sociedad una camioneta Studebaker color roja de la cual no tengo mayores recuerdos, alguna Ford A en las que me enseñó a manejar (tan mal como él) y un singular engendro del demonio que adquirió en Miramar. Este último era una especie de “pesquero”, como se decía en el pueblo, sin techo, color amarillo furioso, una especie de parabrisas recto, gomas traseras anchas tipo competición y...

San Cayetano, el Santo del Pueblo, por Magalí Di Croce

Imagen
Su vida me conmueve, me interpela, me despierta una profunda admiración… Una lucidez maravillosa entregada a Dios y al pueblo… De origen noble, no vivió la nobleza como algo que le perteneciera, sino más bien como algo superficial, algo que le sobraba, y se unió con alma y vida, al pueblo sufriente. Su vida se desarrolló en medio de los grandes cambios socio económicos, políticos y culturales de fines del Siglo XV y principios del XVI. Me conmueve su sensibilidad ante los dolores del pueblo, su preocupación y su capacidad para ocuparse de la promoción humana. No sólo se ocupó de la asistencia, sino que además pensaba en la dignidad humana, de la misma manera en que llevaba el pan a las familias que pasaban hambre, también se ocupaba de que tuvieran trabajo, y así fundó una imprenta para dar trabajo a los desocupados, y fundó un Banco para que los artesanos y pequeños comerciantes pudieran seguir adelante con sus emprendimientos, obteniendo créditos justos, que no estuvieran viciados po...

Por cada latir, por Alejandrina Skaarup

Imagen
Siempre me sentí muy a gusto con la tormenta El observar todas aquellas nubes grises revoloteando en el cielo -yendo las unas a las otras, tan decididas, con tanta fuerza y precisión, logrando unirse para opacar el brillante azul del cielo, dejando consigo solo un halo de nostalgia y desazón- me generaba una extraña y profunda sensación de conexión. De repente, el entorno y mi ser se alineaban como almas gemelas, que se correspondían y completaban a la perfección entre sí. Así, así me describiría antes de comenzar a escribir, como quien no podía dejar que el sol la mire a la cara. Al asomarme por mi ventana, solo puedo ver una ciudad apagada. Las nubes no dejan entrever ningún rayo de luz. Por eso, decidí que esa luz, ya que no puede brotar del sol, hoy... va a brotar de mí. En días como hoy, recuerdo exactamente la necesidad y el deseo que me llevaron al primer encuentro con la pluma y el papel. Días donde mi alma busca hallar esperanza, salvación y perdón. Días donde mi alma busca su...