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Fabio, por Silvia Travaglia

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Mi papá Héctor, con Fabio, paseando por San Cayetano                                        Hay historias que son divertidas, hay historias que son tristes, otras impactantes. Pero hay historias que "deben" ser escritas porque su protagonista lo merece. Fabio ingresó a nuestras vidas como cuidador de mi papá. El necesitaba alguien que lo acompañe y atienda durante sus últimos años debido a un proceso neurológico incapacitante y al que se sumó la dificultad de un brazo quebrado que no pudo ser intervenido, dada su edad. No recuerdo cuanto tiempo fue, ni cuáles eran las tareas específicas, lo que quiero es reflejar el espíritu con que las realizaba. Para mi papá, un hombre inquieto y ágil, que sabía hacer de todo y quería saber siempre un poco más, fue un compañero de lujo. Recuerdo que lo esperaba sentadito en la cocina, con frío, con calor, o lluvia y con una gran alegría s...

Los deberes y los "Lo sé todo", por Silvia Santipolo

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                                 Los deberes de la escuela primaria, allá por nuestro séptimo grado en 1973, tenían cierta regularidad. Las tareas para las cuatro materias nos llevaban un buen tiempo, dependiendo del día de la semana. Casi todas las tardes, nos reuníamos con Patricia, mi compañera de banco, mi buena compañera de banco, para hacerlas y hacerlas lo mejor posible. No era cuestión de llevar deberes ‘para zafar’ a la señorita Norma ni problemas matemáticos sin resolver a la señora Marimar.  Digo cierta regularidad, porque había un método a seguir para cada materia. Les cuento:  LENGUAJE significaba leer la lectura, buscar en el diccionario las palabras desconocidas y copiar en el cuaderno dicha palabra y su significado, bajo el título VOCABULARIO. Por entonces, todos teníamos un libro de lectura igual y todos leíamos lo mismo. Después, un pequeño resumen ‘con nuestra...

De la Milagrosa a Salta, por Magalí Di Croce

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Imagen de la  Inmaculada Madre del Divino Corazón Eucarístico de Jesús, la Virgen del Cerro  Imagen de la Medalla Milagrosa  Fotografía del día de la Peregrinación en el Cerro                                           Siempre fui bastante reacia a aceptar cosas o hechos que no tuvieran una clara explicación lógica, en general, y respecto de cuestiones religiosas en particular, sólo considero incuestionables y verdaderas a las reconocidas expresamente por la Iglesia Católica porque, para los católicos,  ella ejerce el Magisterio de la fe y la doctrina. Es una postura lógica. Sin embargo debo reconocer, sin poco asombro que a mi rígida lógica, la sacudió un cimbronazo. En mi camino de fe, María, se fue acercando a mí con calidez maternal…llegando de diferentes formas…cuando me recibí de abogada, Chela un...

Sin tecnología, por Silvia Travaglia

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Mamá, Chicha otra amiga, y Maruca...tomando mate en la cocina...                                                                                                 No sé cuando la conocí, porque siempre formó parte de mi vida. Era una amiga de mi madre, que vivía a la vuelta de mi casa, un ejemplo de mujer en muchos aspectos, y muy pintoresca en otros. Juntas se potenciaban ya que eran muy diferentes y muy audaces, cada una a su modo. Maruca.  Ella me contó esto por ejemplo:  Maruca era adolescente y quería comer menos para adelgazar, cosa que en una familia italiana era impensable. Nada de anorexias y esas cosas raras, la obligaban a comer, tomo la plancha caliente y se quemó la lengua, eso hizo que su madre...

La casa de los abuelos Nicolás y Victoria, por Magalí Di Croce

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La abuela con sus tres hijos Los abuelos La cómoda que hoy está en mi living Así era la casa original cuando la construyó el abuelo El abuelo con mi primo Gustavo y yo                       Los abuelos nos dejan una huella imborrable, y la casa de nuestros abuelos era algo especial, ante todo era algo nuestro, no era la casa de ellos como algo ajeno, no. Era un espacio nuestro, relajado, divertido…donde con mi hermana y primos disfrutamos mucho de nuestra niñez…. En el primer patio el abuelo hizo hacer una hamaca al lado del jazmín, ahí jugábamos muchísimo… Al patio lleno de frutales, y con un gallinero incluido, le decíamos “la quinta” y jugábamos horas arriba de ese ciruelo que tanto podía ser “la casita” si jugábamos con Vivi o, una diligencia, si el juego era más varonil con Susana y Gustavo… Y la casa…la abuela Victoria siempre cocinando algo rico, y, a veces, hacie...

Viajes, por Silvia Travaglia

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Silvia con Mary en sus esperas en la Terminal de Chaves                                                  Empecé a viajar en 1990, crisis, hiperinflación , para variar en Argentina.  Iba todos los viernes, pasando dos noches consecutivas que dormía en el colectivo. Recuerdo que guardaba una moneda de 50 centavos que me llevaba en el 22, de mi casa a la Terminal de Retiro y tener siempre el pasaje de ida a San Cayetano comprado, porque en la semana se me iba lo que ganaba en cada viaje, y quería volver.  Después fueron dos días los que me quedaba, de modo que hacía noche ahí.  Esto lo hice por 16 años, 16 años que me permitieron ver a mis hermanos casarse, ver nacer a mis sobrinos, ver envejecer a mis padres, y luego morir. Es mucho tiempo y también poco, quería que terminara nunca… porque sabía como era ese final...

De la tierra a la luna, un viaje imposible…, por Silvia Santipolo

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                 Una luminosa mañana de noviembre, con mis ocho años recién cumplidos, llegué hasta la biblioteca del Club Ciclista para cambiar El último mohicano, por otro libro.  Era todo un ritual mágico subir la escalera curva, abrir la puerta de madera e ingresar en ese paraíso de papel, donde imperaba el color marrón, el aroma de la cera del piso crujiente (porque al caminar los mosaicos hacían un ruido particular) y ver por los ventanales, en época de primavera, el profundo azul del árbol de la vereda de enfrente. La larga mesa central siempre estaba cubierta de libros. Devolví el que llevaba y comencé a mirar en la pila de los infantiles. Un sinfín de aventuras, un abanico de historias, una paleta de colores en cada tapa, en cada personaje. Sin embargo, algo apartado de los demás sobresalía De la Tierra a la Luna, de Julio Verne.  -¿Puedo llevarme éste?-, pregunté.  La señora b...