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Los 80 (en lenguaje de esa época), por Silvia Travaglia

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                                       En 1983 fui titularizada, después de varias suplencias, como Asistente Educacional en la escuela Nº 28 de Florencio Varela, quedaba cerca del Cruce de Varela y viajábamos a dedo desde La Plata, todas las que trabajábamos en esos lugares.  En esos 11 años que trabajé en esa zona pasaron un montón de cosas que cambiaron mi modo de ver la vida para siempre (y no estoy demasiado segura si fue para bien).  De todo lo que viví hoy elegí dos anécdotas.  La escuela era de esas construcciones modulares, no tenía espacio para Dirección ni mucho menos para Gabinete. Ambos funcionaban en aulas a las que se les ponían una o dos bibliotecas para dividir y hacer un sucucho, poco íntimo, pero que separaba del resto del aula, donde se daba clase.  A poco de transcurrido el año, advierto que me era muy difícil hacer mi trabajo así. ent...

Dolor guardado, y vida...por Magalí Di Croce

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Florencia, en el día de su Bautismo, con Osvaldo y yo … cargaba -sin saberlo- ese profundo dolor en el alma… sólo la vida, la Vida… pujando por la Vida, podía darlo a luz… y de alguna manera redimirlo… Sólo pensaba en la vida, en su vida gestándose, en su nombre de flor, en la primavera que traía a nuestras vidas… Sólo pensaba en su vida, en nuestras vidas… Cómo sería… su carita…sus manitos…sus ojos mirándonos… Sólo pensaba en la vida que florecía y crecía dentro mío… Sólo pensaba en acunarla… Sólo pensaba en el amor que le teníamos . Y me detuve a esperarla - como debe ser- a esperarla cada día…hasta que llegara el día… El futuro era la vida que llegaba, y no había porqué pensar en el pasado - más aún cuando el pasado era de los otros- … Era la primavera en la ciudad de La Plata, con sus cálidas tardes, sus aromas, el sol generoso sobre toda vida, la gente que iba y venía por calle 8, los estudiantes bulliciosos, los oficinistas apurados, el kiosco de flores rebosa...

Otro picnic, por Silvia Travaglia

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Imágenes de archivo de ese día                               Fue tanto lo que anunciaron los parlantes del comedor universitario acerca del evento del 20, que decidimos ir.  No nos movía tanto un interés político, sino estar con otros jóvenes, algunos eran pibes que nos gustaban, y un poco de sed de aventura.  En la pensión en que vivíamos en La Plata, era obligatorio llegar antes de las 21 horas, de modo que tuvimos que decir que nos quedábamos a dormir en otro lugar porque la convocatoria era para la madrugada.  Pasamos la noche en la sede de una Agrupación que se llamaba FAEP, tomando mate, guitarreando.  Tomamos un tren hacia Lomas de Zamora, llegamos a las 9 y desde ahí caminamos con una multitud hacia el lugar previsto. No teníamos ni idea de por dónde andábamos. Al mediodía nos asomamos desde un lugar más alto y vimos hacia abajo una cantidad inmensa de gente , como...

De los pelos, por Gloria Travaglia

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Fotografía mía de niña...con una sola colita en el pelo.... Quién no tiene anécdotas de la niñez? Cuando era pequeña de 5 o 6 años solía usar el pelo con dos colas bien altas, en la esquina de mi casa estaba el almacén de Don Servando Molina al cuál iba a hacer los mandados de la casa, por la cercanía podía hacerlo sola, esta pequeña incursión en la vida de la calle tanto para jugar como para comprar han generado múltiples anécdotas de las cuales hoy sólo voy a contar una. Como dije antes usaba el pelo con dos colas muy pero muy altas, cuando iba de compras al almacén de Molina, María Dolores, (seguramente los de mi edad o más la conocieron por que daba inyecciones a domicilio) estaba fascinada con mi cabello, lo acariciaba y siempre que iba me decía: … cuando me vas a regalar una colita ? realmente era muy insistente, no sé si fue por complacerla o porque tanto va el cántaro a la fuente que un día , sin decir agua va, me corté de cuajo una de mis tan preciadas colitas ...

De talones y desnudos, por Silvia Santipolo

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                                 Historia con la señorita Lidia fue una materia sorprendente ni bien comenzamos nuestro primer año de secundaria. Ya no era ‘estudiar la lección’ de la escuela sobre temas más o menos conocidos: Colón, los indígenas, Sarmiento y el telar de su mamá, Belgrano y la bandera, San Martín y el cruce de los Andes. Historia pasó a ser un mundo diferente de pueblos lejanos y muy antiguos en el tiempo. Sumerios, asirios y caldeos, egipcios… ¿qué era eso? ¿de dónde salieron?  Estudiábamos del libro de Astolfi, con textos sesudos y algunas imágenes en blanco y negro, claro está. Menos mal que la profesora nos explicaba, nos daba ejemplos, porque de otro modo, dar la lección en el frente, mirando a la clase y en voz alta… hubiera sido un desastre. Como decíamos entonces, ‘qué manera de cortar clavos’. O, ya más desesperados, atar el pañuelo a Santo Pilato…  Pasadas u...

Mi rosa, la "Pato Barraza", por Magalí Di Croce

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Fotografía de una de las rosas que me dió el rosal "Pato Barraza"                            Me encantan las plantas y las flores, y verlas , o percibir su aroma, me trae recuerdos de la misma manera que un perfume me recuerda un momento, o el olor de una comida me traslada a mi niñez o a algún tiempo vivido. Los alelíes y malvones al jardín de la abuela, el ceibo a casa de mamá, los aromos a mi cumpleaños porque siempre florecía cerca de mi cumpleaños y mamá cortaba un buen ramo y lo ponía en el florero… y hasta hace poco, con sus largos ochenta y pico años, el tío Dante, me seguía trayendo un ramo cerca de mi cumpleaños, …los jazmines con ese perfume que colmaba la casa, me recuerdan a la tía Julieta y al tío Palito, ella me traía unos ramos bellísimos que parecían el bouquet de una novia y él, en alguna pasada, también me acercaba un jazmín, las fresias a la abuela Adela, la ...

Fabio, por Silvia Travaglia

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Mi papá Héctor, con Fabio, paseando por San Cayetano                                        Hay historias que son divertidas, hay historias que son tristes, otras impactantes. Pero hay historias que "deben" ser escritas porque su protagonista lo merece. Fabio ingresó a nuestras vidas como cuidador de mi papá. El necesitaba alguien que lo acompañe y atienda durante sus últimos años debido a un proceso neurológico incapacitante y al que se sumó la dificultad de un brazo quebrado que no pudo ser intervenido, dada su edad. No recuerdo cuanto tiempo fue, ni cuáles eran las tareas específicas, lo que quiero es reflejar el espíritu con que las realizaba. Para mi papá, un hombre inquieto y ágil, que sabía hacer de todo y quería saber siempre un poco más, fue un compañero de lujo. Recuerdo que lo esperaba sentadito en la cocina, con frío, con calor, o lluvia y con una gran alegría s...